Fe y disciplina: Así es el Ramadán en las MMA

Mouzid & Hatim "Hércules"

Entrenar sin comer ni beber durante más de trece horas al día es el reto al que se enfrentan algunos peleadores de MMA durante el mes sagrado del Islam

En los gimnasios de artes marciales mixtas el tiempo suele medirse en asaltos y campamentos. Sin embargo, para muchos luchadores musulmanes hay un calendario paralelo que también marca el ritmo de sus vidas, el Ramadán.

Durante aproximadamente un mes, desde el amanecer hasta la puesta de sol, millones de personas en el mundo mundo se abstienen de comer y beber. Para un deportista de alto rendimiento —y especialmente para un peleador de MMA— esta práctica supone un desafío físico y mental que convive con entrenamientos, recortes de peso y la presión competitiva.

Lejos de frenar sus carreras, algunos luchadores integran el Ramadán en su rutina con naturalidad. Es el caso de Manuel del Valle «Mouzid» y Hatim “Hércules” Taiebi, dos peleadores que continúan entrenando y compitiendo mientras cumplen con el ayuno religioso.

A su lado, preparadores físicos como Álvaro Fight Coach trabajan para adaptar la preparación deportiva a un contexto fisiológico muy particular. El resultado es una mezcla de fe, disciplina y estrategia.

Un mes de sacrificio que no detiene el entrenamiento

Para muchos atletas musulmanes, el Ramadán no es una circunstancia excepcional sino una realidad que se repite cada año, independientemente del momento de la temporada deportiva. Manuel del Valle lo resume con naturalidad ya que su rutina apenas cambia.

Prácticamente no cambia, sigue siendo la misma”, explica. “El Ramadán llevo haciéndolo mucho antes de empezar a hacer deporte, pero prácticamente siempre me ha coincidido algún campeonato o algún evento”.

Para el peleador, el gimnasio no es solo un lugar de entrenamiento. También es un refugio. Por eso, incluso durante el ayuno, mantiene su presencia constante en el tatami. “Cuando tengo competición, y aunque no la tenga, me gusta estar entrenando y pasar el máximo tiempo posible en el gimnasio porque es mi refugio”, señala.

Su caso este año tiene además un componente añadido de exigencia porque el Ramadán termina apenas un día antes de su próxima pelea en Cage Warriors. En otras palabras, Mouzid afrontará el tramo final de su preparación en pleno ayuno.

Sin embargo, lejos de verlo como un problema, lo considera algo a lo que ya está acostumbrado. “Todos los años en los que he sido campeón de Andalucía me ha coincidido en Ramadán”, recuerda. “Es un periodo en el que ya estoy habituado a tener que prepararme para algún combate”.

Manuel del Valle celebrando una victoria con la bandera hispano marroquí.

La mente como arma principal

Si hay un concepto que se repite cuando los peleadores hablan del Ramadán es el factor mental. Para Mouzid, el rendimiento durante el ayuno depende en gran medida de la mentalidad con la que se afronta. “Los primeros días sí que pueden ser más duros”, reconoce. “Pero al final es todo la cabeza. Quien controla la mente controla el cuerpo”.

Ese enfoque mental es compartido por Hatim “Hércules” Taiebi, otro peleador acostumbrado a entrenar mientras ayuna. Según explica, su rutina tampoco cambia demasiado durante el mes sagrado. “Sinceramente, durante Ramadán mi rutina sigue siendo la misma”, comenta.

La principal dificultad no es tanto la comida como la hidratación. Durante unas trece horas al día, el cuerpo no recibe ni agua ni alimentos, algo que en un deporte de alta intensidad puede notarse. “Son 13 horas sin ingerir ni alimento ni agua. Eso se nota”, admite Hatim. “Pero una vez que rompo el ayuno lo primero que hago es tomar agua y electrolitos, y seguimos con el entreno igual que siempre”.

A pesar del esfuerzo físico, ambos coinciden en que el Ramadán refuerza la fortaleza psicológica. “Es una prueba complicada”, afirma Taiebi. “Es un reto físico y mental. Estás poniendo el cuerpo al límite y también la mente, que es muy traicionera”.

Para él, el ayuno se convierte en un entrenamiento invisible, en una forma de aprender a gestionar emociones, cansancio y frustración. “Hay momentos en los que sientes que no puedes más, pero siempre hay un tirón más”, explica. “Para la cabeza viene muy bien”.

Hatim «Hércules» rezando antes de entrar a pelear.

Cuando el Ramadán coincide con training camp

Desde el punto de vista científico y deportivo, entrenar durante el Ramadán implica varios retos fisiológicos. Álvaro Fight Coach, preparador físico especializado en deportes de combate, explica que el principal problema es doble. Por un lado falta de energía y por otro falta de hidratación.

“El peleador no está ingiriendo alimentos y tampoco agua”, señala. “Eso se traduce directamente en menos disponibilidad energética y menos hidratación”. Para evitar que el rendimiento se resienta demasiado, los equipos suelen aplicar diferentes estrategias de adaptación.

Una de las más comunes es modificar los horarios de entrenamiento. “Muchos equipos reorganizan el microciclo para que el atleta entrene después de romper el ayuno”, explica el preparador.

Otra estrategia clave es controlar el volumen de trabajo. “No significa que haya que dejar de entrenar”, aclara. “Pero hay que ajustar la intensidad y el volumen. No por entrenar más vas a rendir mejor”. La prioridad pasa entonces a ser la calidad del entrenamiento. “Más no es mejor”, resume. “Mejor calidad siempre será mejor”.

La alimentación nocturna también se vuelve crucial. Durante las pocas horas en las que el peleador puede comer y beber, el objetivo es reponer al máximo las reservas del organismo. “Hay que optimizar la ventana de alimentación nocturna”, explica Álvaro. “Cargar bien proteínas, hidratos y, sobre todo, hidratación”.

¿Cómo es ayunar con un corte de peso de por medio?

Si entrenar durante el ayuno ya supone un reto, la situación se vuelve todavía más delicada cuando coincide con un corte de peso. Durante este proceso los peleadores reducen su peso corporal antes del pesaje oficial para competir en una categoría inferior. Cuando ese déficit energético se combina con el Ramadán, el estrés fisiológico aumenta.

“Ahí el contexto es más delicado”, señala el preparador. “El peleador ya está en déficit energético por el corte de peso y además está ayunando”. En esos casos, la estrategia pasa por mantener la intensidad del entrenamiento pero reducir el volumen. “Menos repeticiones, más descanso y priorizar el trabajo técnico”, explica.

¿Puede afectar al rendimiento?

Aunque el Ramadán introduce cambios importantes en los hábitos del atleta, no siempre tiene consecuencias negativas a largo plazo. Según explica Álvaro, si el entrenamiento y la nutrición se planifican correctamente, el rendimiento puede mantenerse relativamente estable.

“Por lo general no deja secuelas si se ha gestionado bien”, afirma. Eso sí, puede aparecer una ligera bajada en esfuerzos muy intensos debido a los cambios en los ritmos de sueño y alimentación.

Curiosamente, algunos estudios sugieren incluso ciertos efectos positivos. “En algunos casos se observa una mejora en la eficiencia metabólica”, explica el preparador. “El cuerpo se adapta al ayuno”.

En el octágono, la victoria se decide en minutos, pero detrás hay meses de disciplina invisible. Para muchos peleadores musulmanes, el Ramadán no es una pausa en el camino, sino una prueba más que atraviesan mientras siguen persiguiendo sus sueños.

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